Recuerdo con mucho cariño mi paso por una gran entidad asociativa, Gautena. Fueron cinco años cargados de aprendizajes, retos y toma de decisiones. Decisiones que me han llevado a seguir trabajando con familias, y más concretamente con familias con TEA.

Siendo educadora de Centro de día tomé conciencia de la necesidad de ampliar mi formación para poder ser realmente un buen apoyo en la vida de las personas y las familias que iba conociendo. Me faltaban estrategias, comprensión, y también paciencia, para poder entender y atender cada una de las situaciones que me planteaban. Sus expectativas y formas de entender a sus hij@s a veces no coincidían con las mías. Y claro! Yo como profesional creía tener la razón.

El tiempo y esa formación sistémica de trabajo con familias me ha hecho ampliar miras, ganar en paciencia y empatía, tolerancia, humildad y sobre todo flexibilidad.

Hoy es el día en el que siento satisfacción pura y plena cuando veo sonreírme con complicidad a una familia, como cariñosamente les llamo, “guindillas”. Me siento en sintonía, ya no solo con la persona con TEA con quienes siempre me resultó medianamente fácil conectar, sino con su familia, en la que muchas veces me siento incluida y querida.

Hoy trató de no ser el profesional que les dice que hacer, sino el apoyo para que hagan aquello que necesitan o quieren. Yo les acompañó.

Para ello he tenido que aprender a : Escuchar empáticamente, validar diferentes formas de ser, pensar y educar, formar parte sin llevar la batuta, acompañar y orientar en las decisiones, siempre desde el respeto, con mis dosis de humor y energía.

Desganta? Sí, pero merece muchísimo la pena. Por lo que seguiré aprendiendo con las familias y también con todos los profesionales con los que también acabas estableciendo este mismo”danzar”.